Inteligencia artificial, dignidad humana y gobernanza corporativa: una lectura jurídica de magnifica humanitas

Escrito por Mónica Trigo
Pocos días atrás el Vaticano ha publicado al mundo la primera Encíclica Magnifica Humanitas que ha escrito el Papa León XIV y aparte del mensaje religioso, espiritual y propio de sus funciones, el Papa ha dedicado un capítulo entero para hablarle al mundo sobre la velocidad con la que la tecnología se ha hecho parte de nuestra vida cotidiana, sobre el poder que ha tomado ahora en los seres humanos y sobre cómo debemos controlar el uso de la inteligencia artificial.
Antes de comenzar a hablar sobre el impacto que ocasionó, específicamente el tercer capítulo de la Encíclica, vamos a darle enfoque primero al contexto de qué es una Encíclica Papal, cómo el mundo la adopta, cuáles son sus repercusiones y cómo puede lograr que los fieles e incluso las personas naturales o jurídicas que no lo siguen tomen en cuenta sus escritos.
Encíclica Papal, la entendemos como una carta solemne escrita por el máximo referente de la iglesia católica, el Papa; que va dirigida a todos los obispos y fieles creyentes con la finalidad de transmitir doctrina moral y reflexiones sobre temas sociales. La encíclica de León XIV fue publicada al mundo el pasado 25 de mayo, en una parte, él ha dedicado su atención a la custodia humana en la era de la inteligencia artificial.
La relevancia de este manifiesto hacia el mundo no solo está presente en temas de fe, moral y ética, sino que también impacta en el ámbito sociopolítico, aclarando y defendiendo dogmas filosóficos vinculados a la realidad o ideología contemporánea. También es considerada como una reflexión universal para movilizar conciencias y promover el bien común y la dignidad humana a nivel internacional.
La relevancia de esta carta en específico radica en sentar las bases éticas y morales frente a las crisis de transformación, equilibrando el progreso tecnológico y económico con la dignidad humana, ya que no es novedad para nadie que la tecnología y ahora la inteligencia artificial vienen tomando el control en casi todos nuestros actos. No es exageración decir que ahora el humano le dio el poder de decisión a un compilado de redes neuronales artificiales.
Ahora bien, entrando en análisis de cómo influye la Encíclica Papal en el gigante mundo corporativo y demás está decir en el mundo jurídico también, podemos afirmar que León XIV formula una crítica importante, pues cuestiona la actuación de las empresas tecnológicas y de los sistemas jurídicos al colocar la dignidad humana, la vulnerabilidad y la responsabilidad ética en el centro del desarrollo y uso de la inteligencia artificial.
Este planteamiento manifiesta una cuestión central para las empresas: ¿qué implica colocar la dignidad humana en el centro del desarrollo de la inteligencia artificial? La respuesta exige revisar la lógica corporativa actual. Primero es importante dejar en claro que Magnifica Humanitas no pretendió establecer lineamientos técnicos concretos, sino, busca que recordemos que el verdadero progreso no puede medirse únicamente por la capacidad de la tecnología para superar las limitaciones humanas, sino por su contribución a la dignidad, la libertad y el bien común.
Las empresas tecnológicas, así como también las que usan tecnología para su desarrollo, estamos hablando de un gran porcentaje en el mundo, han cambiado en los últimos años el lenguaje en el que nos comunicamos, han implementado nuevas formas de relacionarse institucionalmente y nuevas formas de tomar el poder, lo que ha llevado que los grande actores económico- tecnológicos condicionen ahora las reglas en las que se mueve el mundo.
La Inteligencia artificial ahora es parte no solo del mundo tecnológico, sino es parte de los Estados, de la sociedad y de los hogares de cada uno de nosotros, ya que ha llegado para simplificarnos muchas cosas, la sencillez, la facilidad de resultados, la exactitud de sus respuestas, es imposible huir de ella, mejor dicho es imposible no querer ser parte de ella, afirmación con la cual que el mismo Papa está de acuerdo, pues afirma que incluso para el mundo Eclesial ha traído grande contribuciones.
La Encíclica también advierte sobre una tendencia cada vez más presente en la sociedad actual: confiar en que toda dificultad humana puede resolverse mediante la tecnología. Esta visión, conocida como tecnocentrismo en la literatura moderna sobre ética tecnológica, corre el riesgo de reducir a la persona a un conjunto de datos susceptibles de ser clasificados, medidos y optimizados.
Desde la perspectiva del mundo corporativo, no vamos a preocuparnos por la velocidad con la que la tecnología remplaza al humano ni tampoco si es producente confiarle tantas tareas, lo que debe preocuparle a la gran comunidad empresarial es que la tecnología no solo es proveedora de innovación y practicidad, sino que a través de asistentes IA se han convertido en actores con una enorme capacidad para moldear nuevas formas de trabajar, nuevas formas de consumo y acceso a servicios, incluso acceso a derechos y es ahí donde las empresas deben prestar mayor atención.
La inteligencia artificial por más sofisticada que sea, no actúa con autonomía moral, actúa con las instrucciones y enseñanzas que ha recibido en su desarrollo, por tanto las empresas deben preocuparse por como deciden implementar y hasta donde permitir su protagonismo. Si una empresa delega a la IA decisiones sensibles como procesos de selección de personal, evaluación de desempeño, tratamiento automatizado de datos personales o brindar información sensible; sigue siendo la única responsable jurídica y éticamente, pues es ella quien determina el funcionamiento y asume riesgos derivados de su utilización
El Papa León a través de su carta no busca rechazar la innovación tecnológica, por el contrario, nos invita a recordar que la tecnología debe permanecer al servicio de las personas y no así convertirse en una mecanismo que remplace el juicio humano, la responsabilidad ética, la capacidad de reconocer circunstancias particulares de cada individuo, cuando el algoritmo se convierte en la única fuente de decisión, la eficiencia puede terminar desplazando valores esenciales como la justicia, la equidad y la compasión.
Las empresas deben replantear el modelo de gobernanza con el que la tecnología, especialmente la Inteligencia Artificial es incorporada a la actividad corporativa. La innovación deja de ser una cuestión exclusivamente técnica para convertirse en un ejercicio permanente de responsabilidad. Las empresas ya no deberían preguntarse únicamente si una determinada herramienta tecnológica es viable o rentable, sino si responde a un modelo de desarrollo compatible con la responsabilidad, la transparencia, la equidad y el respeto de los derechos fundamentales. En ese escenario, el derecho corporativo deja de ser un mero instrumento de cumplimiento normativo para convertirse en un mecanismo de prevención, gobernanza y protección de la persona frente a los desafíos de la inteligencia artificial.
A partir de estas consideraciones, es posible responder la interrogante planteada anteriormente. En un mercado cada vez más competitivo, renunciar a estas herramientas puede significar perder eficiencia, innovación y capacidad de adaptación; sin embargo, adoptarlas sin criterios de gobernanza, supervisión y responsabilidad puede generar consecuencias igualmente graves, tanto desde el punto de vista jurídico como reputacional.
La incorporación de la inteligencia artificial exige, una transformación de los modelos tradicionales de gestión corporativa. No basta con implementar nuevas tecnologías; es indispensable actualizar las políticas internas, fortalecer los sistemas de cumplimiento y promover una cultura organizacional en la que todos los niveles de la empresa desde la alta dirección hasta la base de la estructura organizacional comprendan los alcances, riesgos y responsabilidades derivados del uso de la IA. La gobernanza de la inteligencia artificial debe dejar de ser una función exclusiva de los departamentos tecnológicos para convertirse en un compromiso transversal que involucre a directivos, asesores jurídicos, responsables de cumplimiento, líderes de equipos y colaboradores.
Ello implica definir políticas claras sobre el uso responsable de la inteligencia artificial, establecer mecanismos de supervisión humana en procesos críticos, capacitar permanentemente al personal, proteger la información confidencial de la empresa y evitar que decisiones relevantes sean delegadas íntegramente a sistemas automatizados. Cuando una organización normaliza la dependencia absoluta de la tecnología o pretende justificar errores atribuyéndolos al algoritmo, no solo incrementa su exposición a responsabilidades legales, sino que también compromete la confianza de clientes, inversionistas y de la sociedad en general.
La reflexión propuesta en la Encíclica deja de ser exclusivamente ética para convertirse en una guía que puede orientar la gestión corporativa y anticiparse a las tendencias regulatorias que actualmente se desarrollan a nivel internacional. Ello supone comprender que la inteligencia artificial ya no es únicamente una herramienta tecnológica, sino un elemento estratégico que exige nuevas formas de gobernanza empresarial. Las organizaciones que incorporen desde ahora criterios de responsabilidad, supervisión humana, transparencia y formación continua no solo estarán mejor preparadas para afrontar los futuros desafíos regulatorios, sino que también consolidarán un modelo de negocio basado en la confianza, la integridad y la creación de valor sostenible.
El Papa no está solo en esta reflexión, la comunidad internacional ha comenzado a construir un marco de principios destinados a asegurar que la inteligencia artificial permanezca al servicio de la persona y no se convierta en un instrumento de exclusión, discriminación o deshumanización. Algunos debates difieren porque unos son jurídicos y otros antropológicos, pero comparten una misma convicción: la tecnología debe preservar la dignidad humana y fortalecer el bienestar de las personas.
Esta realidad representa tanto un desafío como una oportunidad. La ausencia de una legislación especializada permite al país observar las experiencias internacionales y construir un marco regulatorio que no se limite a responder a los avances tecnológicos, sino que incorpore desde su origen una visión centrada en la persona.
La inteligencia artificial es, sin duda, una de las expresiones más extraordinarias del ingenio humano. Sin embargo, toda creación termina reflejando los valores de quienes la desarrollan. Si enseñamos a las máquinas únicamente a ser eficientes, construiremos un futuro eficiente, si les enseñamos a respetar la dignidad humana, contribuiremos a construir una sociedad más justa.
En definitiva, el mayor desafío para Bolivia no consiste únicamente en regular la inteligencia artificial, sino en asegurar que su crecimiento responda a un principio inalterable: que toda innovación tecnológica encuentre su límite y su razón de ser en la protección de la dignidad humana.
Tal vez el mayor legado de Magnifica Humanitas no sea advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, sino recordarnos que el auténtico progreso comienza cuando el conocimiento se encuentra con la responsabilidad, la innovación con la ética y el poder con la conciencia.
“El algoritmo corrige errores; la persona puede transformar su vida a partir de ellos.”

